Churrinche es un Almacén del barrio de Ciudad Jardín, Lomas del Palomar. Podés encontrar, entre otras cosas, artículos de ferretería, bazar y regionales traídos desde diferentes puntos de la Argentina.
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Ollas de Fundición, Barro, Cobre y Aluminio.
Leña de quebracho, espinillo y
carbón.
Tejidos a Mano y Bombachas de Campo!
Aromas de almacén
Entrás por la puerta grande, que está justito en la ochava,
los pisos de pinotea y las paredes blanqueadas.
Estantes abarrotados, mercadería ordenada…
y el aroma de almacén, que no se iguala con nada.
Con perfume a café suelto el ambiente está impregnado,
fundido a los del cuero, de los aperos colgados.
La pimienta, el querosén, el alcohol y los cigarros…
aromas del almacén, confundidos y sumados.
Te recibe el mostrador. Largo… madera lustrada.
Arriba todo limpieza, pulido por la fregada
y abajo, cerca del piso, los gauchos dejaron marcas…
entre las copas y cuentos, con sus botas embarradas.
La balanza de dos platos, con vidrio estaba encerrada;
dulces, quesos, masas, yerba… y azúcar aterronada…
Una hilerita de pesas, de bronce y bien lustradas
servían para la venta, de mercancías pesadas.
“Ferretería” insinúan sogas, alambres, campanas…
Las cadenas arrolladas del carretel con manija,
la cajita de las lijas y la capota encerada.
Martillos bola, cuchillas, tenazas y las roldanas.
Los fuentones, las romanas, alpargatas y encerados…
un muestrario de candados… las lonas…, y de esterilla,
“comprelá y sientesé usted”… colgando de la pared
un sillón para hamacarse, seis banquitos y seis sillas.
El almacenero ahorra, raspando de los cajones
los fideos, las lentejas y el azúcar en terrones…
Y si le falta la yapa, hay un pibe que se queja…
mientras le anotan la cuenta, con el lápiz de la oreja.
Cinchas, pecheras, silletas. Para lecheros… hay tarros:
las riendas están arriba, atadas de una ganchera
colgada de otro tirante con estribos y anteojeras…
y cerquita… en un estante.. hay grasa para los carros.
La gomina, el almidón, la peineta y las ventosas…
junto a jarras y pocillos… y a la sopera de loza.
Y los jarritos del mate, con sus bombillas al lado
al borde de los estantes, de unos clavitos colgados…
Las escobas, los plumeros, franelas y la “acaruina”
las máquinas de afeitar, jabón “de olor” y “lavar”
para “blanquear”, lavandina. La crema para ordeñar…
almidón para planchar y al pelo “la brillantina”.
Entrás por la puerta grande, que está justito en la ochava.
los pisos de pinotea y las paredes blanqueadas.
Estantes abarrotados, mercadería ordenada…
y el aroma de almacén, que no se iguala con nada.
Fuente
Lambert, Raúl O. – “Andate hasta el Almacén”, Recuerdos prestados – Buenos Aires (2004)





